Siguió con su paseo. Hacía un día increíble, el sol resplandecía y apenas se divisaban las nubes.
En las calles, la gente caminaba con calma, con aparente felicidad, con esa tranquilidad típica que da el verano.
Sara, seguía ajena a ese mundo que desde hace un tiempo, no le aportaba lo que necesitaba.
Muchas veces había pensado en el rumbo que iba tomando su vida, no le gustaba. Aparentemente era feliz, pero sólo aparentemente, tenía amigos, una vida normal, su familia la quería...pero su vida era bastante monótona y no encontraba un aliciente para continuar.
Mientras caminaba, se acordó de algo que le produjo una leve sonrisa en la cara. Recordó como cuándo aún era una niña, soñaba cada día con encontrar a su príncipe azul. Ese que nunca llegaba.
Bua -pensó- estas son las típicas historias de las películas que ahora ya me producen risa.
Sara tenía 21 años, y aunque todavía conservaba cierta juventud, sabía perfectamente que las historias de amor casi siempre son efímeras.
Después de la última desilusión de hace 1 año, no había vuelto a tener pareja.No se sentía con ganas.
Al otro extremo de la calle, un chico con un ramo de rosas iba caminando ligeramente, ajeno al bullicio del tráfico y la gente.
Tenía la piel morena, propia del sol veraniego. Su pelo oscuro y corto, le hacía parecer extremadamente sexy, a esto se le unían sus ojos verdes, que con el sol destacaban como una enorme esmeralda.
Su cuerpo era perfecto, sus proporciones eran increíbles y nadie podía negar que era guapísimo.
Y de repente, como un rayo de luz que sale cuando acaba la tormenta...sucedió.
Sara que iba ensimismada cantando, y mirando al suelo, tropezó con algo...
-Ey, ¿pero qué haces?- Dijo una voz.
-Sara levantó la mirada y se rozó con la cara y la mirada de aquel chico.-¿Perdona?¿Cómo qué que hago?¡Si has sido tú el que casi me tiras, no se puede ir así por la vida!
-Bueno,bueno...menudo carácter-el chico se reía- creo que esto deberíamos arreglarlo tomando un café. ¿Qué me dices?
-NO-dijo rotúndamente.-¿Por qué debería yo irme a tomar un café con alguien que casi me atropella y que no conozco?
-Pues por que se te nota a distancia que los chicos como yo, te gustan.
-Venga, por favor...No tengo tiempo para tonterías.-Sara,se giró y se fue con paso ligero intentando esquivar al chico.
-Espera...por favor, no te vayas, era una broma para calmar esta tensión-esbozó una leve sonrisa, como tratando de convencer a Sara.-Perdóoooname.-tarareaba sin cesar.
-No tengo mucho tiempo-dijo dudando Sara.
-Vayamos a la cafetería de la Calle Larios, anda. Por cierto,encantado, soy Pablo. ¿Y tú?
Sara se quedó unos segundos pensando..¿Pablo? ¿Sería una coincidencia? ¿O quizás al destino le apetecía jugar con ella? Después de un año sola, tan sólo había podido recuperar la ilusión gracias a Pablo Alborán, su Pablete, como ella lo llamaba cariñosamente. Su música se había convertido en su salvavidas psicológico...le escuchaba a diario, y por él sentía casi adoración. En cierta manera, tenía la esperanza,de algún día encontrar a alguien similar. Alguien que le tratara como una reina.
Pero no, no...pensó que sería una chorrada, y que tan sólo sería una casualidad.
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