martes, 20 de marzo de 2012

Capítulo 4: Noche mágica

Sara llegó a casa y se metió en la cama. Estaba cansada y pensativa por el giro que había dado su vida en tan solo unas horas.
No conseguía dormir, se desvelaba y no tenía mucho sueño. Estaba nerviosa y pensando en la sorpresa para Pablo. Deseaba que la noche acabara y el amanecer llegara pronto.


El despertador sonó. Eran las 10. Sara saltó de la cama ilusionada, se duchó y cogió algo de ropa. Se vistió sencilla y tampoco le prestó mucha atención al maquillaje y al pelo.


-Mamá, me voy a dar un paseo. Volveré tarde. Un beso.- Sara le dejó una nota en la cocina.


Cogió las llaves y salió de casa.


Había estado pensando en la sorpresa, aunque le costó, ya la tenía decidida. Por la noche, llevaría hasta la playa a Pablo y prepararía una cena en la arena.


Fue hasta el centro comercial y se compró un vestido blanco y cortito, muy sexy, para estar perfecta para él.


Preparó algo de cena especial y cuando terminó de arreglarse le mandó un mensaje a Pablo.


-Te espero en 15 minutos en el paseo marítimo. Un beso.


Pablo, al cabo de unos minutos le respondió:


-¿Al paseo? Creía que íbamos a un restaurante! Voy para allá preciosa.


Cuando Sara llegó, Pablo ya estaba allí, sentado en un banco del paseo mirando al mar y esperándola.


-Hola preciosa


-Hola Pablo


-¿Me has echado de menos? Jajajaja


-Que va...¿a tí? Ni un poquito...jajajajajajaja - contestó Sara. - Oye, que con tanta tontería no me has dado ni dos besos! Me voy a enfadar eh...jajajaja


-Te veo yo muy desesperada eh...jajaja - Pablo la agarró desprevenida, de la cintura y le dio dos besos, suaves y tiernos.


Sara se hizo la dura, pero no pudo evitar que la agarrara.


-Bueno, ¿y a dónde vamos? Sorpréndeme.


-Vamos a la playa, allí, en la orilla - dijo señalándola.


Pablo la miró sorprendido pero le hizo caso. Los dos bajaron hasta la playa y se descalzaron.


Estaban solos y esto, unido a las velas que puso Sara, hizo que pareciera muy romántico.


Cenaron, rieron, y disfrutaron como locos esa noche.


Estaban brindando en la orilla de la playa, con las olas mojándosles los pies y sucedió.


-¿Por qué brindamos princesa? - Ese "princesa" dejó a Sara más loca por él de lo que ya estaba.


-Por este momento,por la playa...por nosotros... - Las palabras de ella sonaron dulces.


Y de repente, una ola, terminó de hacer lo que el tiempo haría no mucho más tarde... La ola les empujó hacia la arena y cayeron tumbados. Estaban frente a frente, piel con piel, y Pablo la besó. Fue un beso intenso, largo, pero a la vez suave y delicado.


Después de la magia del momento se quedaron a dormir en la playa, abrazados, hasta que llegara el alba.

jueves, 15 de marzo de 2012

Capítulo 3: Dejarse llevar

Pablo y Sara fueron hasta la cafetería. Sara no estaba nada convencida, es más le parecía un error haber aceptado esa cita.


-¿Qué quieres tomar? - digo Pablo.
-Un capuccino, por favor.
-Ok, yo tomaré lo mismo señorita- se dirigió a la camarera. Y cuando la camarera se había ido, le susurró a Sara: Ves, somos más parecidos de lo que tú crees...
-No lo creo. -Dijo con una leve sonrisa en la cara ella.


Sara se detuvo a pensar y a examinarle durante unos segundos. Aunque no quisiera, Pablo le había causado una sensación que nunca había sentido. 
Lo último que Sara quería en su vida en ese momento, era volver a empezar. Volver a enamorarse,y a sufrir. Pero, el destino, a veces, juega con nosotros y esta vez le apetecía jugar con ella...


Pensó en una frase, de una canción de Pablo. Le gustaba poder entender sus letras, sentirlas, y luego, aplicarlas en su vida. Le vino a la mente: "Y que nos lleven los vientos, donde nos quieran llevar". 
Y eso es lo que haría, por una vez, dejarse llevar y hacer lo que el corazón dictara. Sin prestarle atención a nada más que a él.


Sara volvió a la realidad.


-Bueno Sara, y ¿qué hacías por la calle para cruzarte con un tipo como yo? - dijo,aguantando la risa.
-Jajajajaja pues digamos que...esperar a que te cruzaras en mi vida... -Dijo algo sarcástica.
-Ah..¿sí? Jajaja- Pablo no podía evitar reírse, tenía una sonrisa preciosa,casi perfecta.
-Oye.. ¿Y ese ramo que llevabas?- dijo Sara curiosa.
-Se lo acababa de comprar a mi madre.
-Ah! ¡Lo siento! Creo que debería hacer algo para compensarte...-comentó picarona.
-¿Ah sí? Jaja, pues me tendrás que mimar para que te perdone...- Pablo no podía parar de reír.


Y Sara se volvió loca, esa sonrisa la volvió loca. Le pareció extremadamente sexy.


Sus sonrisas les delataban, a los dos. Sonreían de felicidad y con ilusión. Como dos niños que juegan a ser mayores y sin más preocupaciones que disfrutar, sonríen.


Sara sintió que su destino empezaba a cambiar, y que después de la tormenta, siempre llega la calma.


Se despidieron y quedaron en volver a verse al día siguiente. Esta vez, Sara prepararía algo especial para Pablo.



martes, 13 de marzo de 2012

Capítulo 2: ¿Serás tú?

Siguió con su paseo. Hacía un día increíble, el sol resplandecía y apenas se divisaban las nubes.
En las calles, la gente caminaba con calma, con aparente felicidad, con esa tranquilidad típica que da el verano.


Sara, seguía ajena a ese mundo que desde hace un tiempo, no le aportaba lo que necesitaba.
Muchas veces había pensado en el rumbo que iba tomando su vida, no le gustaba. Aparentemente era feliz, pero sólo aparentemente, tenía amigos, una vida normal, su familia la quería...pero su vida era bastante monótona y no encontraba un aliciente para continuar.


Mientras caminaba, se acordó de algo que le produjo una leve sonrisa en la cara. Recordó como cuándo aún era una niña, soñaba cada día con encontrar a su príncipe azul. Ese que nunca llegaba.
Bua -pensó- estas son las típicas historias de las películas que ahora ya me producen risa.


Sara tenía 21 años, y aunque todavía conservaba cierta juventud, sabía perfectamente que las historias de amor casi siempre son efímeras. 
Después de la última desilusión de hace 1 año, no había vuelto a tener pareja.No se sentía con ganas.


Al otro extremo de la calle, un chico con un ramo de rosas iba caminando ligeramente, ajeno al bullicio del tráfico y la gente.
Tenía la piel morena, propia del sol veraniego. Su pelo oscuro y corto, le hacía parecer extremadamente sexy, a esto se le unían sus ojos verdes, que con el sol destacaban como una enorme esmeralda.
Su cuerpo era perfecto, sus proporciones eran increíbles y nadie podía negar que era guapísimo.


Y de repente, como un rayo de luz que sale cuando acaba la tormenta...sucedió.
Sara que iba ensimismada cantando, y mirando al suelo, tropezó con algo...
-Ey, ¿pero qué haces?- Dijo una voz.
-Sara levantó la mirada y se rozó con la cara y la mirada de aquel chico.-¿Perdona?¿Cómo qué que hago?¡Si has sido tú el que casi me tiras, no se puede ir así por la vida!
-Bueno,bueno...menudo carácter-el chico se reía- creo que esto deberíamos arreglarlo tomando un café. ¿Qué me dices?
-NO-dijo rotúndamente.-¿Por qué debería yo irme a tomar un café con alguien que casi me atropella y que no conozco? 
-Pues por que se te nota a distancia que los chicos como yo, te gustan.
-Venga, por favor...No tengo tiempo para tonterías.-Sara,se giró y se fue con paso ligero intentando esquivar al chico.
-Espera...por favor, no te vayas, era una broma para calmar esta tensión-esbozó una leve sonrisa, como tratando de convencer a Sara.-Perdóoooname.-tarareaba sin cesar.
-No tengo mucho tiempo-dijo dudando Sara.
-Vayamos a la cafetería de la Calle Larios, anda. Por cierto,encantado, soy Pablo. ¿Y tú?


Sara se quedó unos segundos pensando..¿Pablo? ¿Sería una coincidencia? ¿O quizás al destino le apetecía jugar con ella? Después de un año sola, tan sólo había podido recuperar la ilusión gracias a Pablo Alborán, su Pablete, como ella lo llamaba cariñosamente. Su música se había convertido en su salvavidas psicológico...le escuchaba a diario, y por él sentía casi adoración. En cierta manera, tenía la esperanza,de algún día encontrar a alguien similar. Alguien que le tratara como una reina. 
Pero no, no...pensó que sería una chorrada, y que tan sólo sería una casualidad.




Capítulo 1: ¡Llega el verano!

Todo ocurrió en el verano del año pasado. Entre el rumor de las olas y la brisa veraniega se creó la magia, única y diferente a todo lo anterior, una historia de amor difícil de olvidar…


-Hija, a desayunar!!!!!


-Voy mamá-decía con todavía mucho sueño Sara. Se había estado vistiendo, era sencilla pero a la vez sofisticada, no necesitaba nada especial para destacar. Abrió el armario y cogió unos shorts que había comprado la semana pasada y los combinó con una camiseta y unas sandalias azules, su color favorito. Cogió unos pendientes y sus gafas de sol y apenas le prestó atención al maquillaje y el peinado, quería estar natural.


Las temperaturas ascenderán durante esta semana, hasta llegar a los 40º C –decía el locutor de radio.


-Uff…qué calor hace cariño, este verano lo pasaremos mal eh…


-Mamá, voy a salir a pasear un rato, necesito desconectar. Además, no pienso quedarme el verano tirada en casa.
Sara cogió su ipod, las llaves y cerró la puerta con no muchas ganas de comerse el mundo.


Deja de volverme loca, y regálame un TE QUIERO…que empiece a soñar otro poco, y a imaginarme tus besos… -Adoraba ponerse los cascos y evadirse tan solo escuchando música, en especial la de Pablo Alborán.
Sentía que al escucharla desconectaba del mundo y en su interior tan solo quedaban Sara, la voz de Pablo y su guitarra sonando al compás del tiempo. Era como un momento perfecto que deseaba que no tuviera fin.


Sara, era una chica especial. No solía seguir las reglas establecidas por la sociedad, es más, le parecían estúpidas. Tenía una sensibilidad fuera de lo común, quizás a veces daba demasiado a los demás. No le gustaba especialmente mostrar y describir sus sentimientos, pero amaba ayudar a la gente.
Además, estudiaba en el conservatorio de danza. El baile y la música eran su pasión y no podía pasar más de un día sin sentirlas.